Un cuento de amor y perseverancia

Este cuento transcurre en las fiestas navideñas en Lima, antigua capital del virreinato de Perú, hoy en día urbe moderna criolla y mestiza. Antonio Quispe llevaba varios años en esa ciudad en la Calle Jirón Puno en una casa colonial cuyos pisos daban al patio a mitad derruidos y habitados por comerciantes ambulantesque tendían sus tenderetes en el mercado al lado del río Rímac. Antonio Quispe venía de la sierra de Cuzco (ombligodel mundo según la etimología quechua, capital del antiguo imperio delTawantinsuyu ) a buscar más suerte que la que le ofrecían las chacras. Encontrar “una chamba”no era cosa fácil, tuvo que dedicarse al comercio menor. Era Navidad y vendía perfumes, juguetes para niños y telas. Se le daba bien el comercio. Astuto y viajero, trajinaba por todas las ciudades de los Andes, La Paz, Tacna en la frontera con Chile en busca de vendedoras con sus bultos clamando “al por mayor”. Antonio Quispe era dicharachero, había hecho la secundaria y tenía inquietudes.Sin embargo, a sus padres no
les alcanzaba la plata para llevarlo a estudiar Derecho a Lima. Los puestos de venta en el mercado se estaban cerrando, los productos estaban ya encajonados, cuando vio a la señorita Bermúdez con su faldita primaveral acercarse a él. La estaba mirando de reojo por no hacerse notar. A una distancia se remilgaba de sus miradas acariciadoras, su piel color canela asomando entre el escote y el revuelo de falda colorido. Se ponía nervioso nada más verla. -“¡Hola Antonio cuánto tiempo sin verte ¡”decía con su voz más dulce, Graziella. “¿No tendrías unos perfumes frescos para vender a buen precio a mi padre? Tendrías que verle para convenir del precio.” Le tenía loquito. Y con este aturdimiento, se fue a ver Don Bermúdez, hombre de negocios serio pero algo anticuado al cual tendría que ganárselo. Cruzó la plaza de Armas, se metió por las calles cuadrilaterales alcanzando la calle Jiron de La Unión, subió los peldaños de la casa con patio interior y llamó a la puerta. -“¿Qué novedades te traen Antonio?” -“Querría venderle a cien soles unos buenos perfumes que compré al por mayor en Tacna. Son de Chile.” - “Trato hecho. Mañana, tráemelos en el almacén.” pactó Don Bermúdez. “Y vente a nochebuena a cenar con nosotros, mi esposa estará contenta de tenerte entre nosotros. ” Quispe con su mejor atuendo se presentó a casa de Don Bermúdez. La casa enguirnaldada tenía un belén en el comedor y una gran mesa con sus mejores manjares, pescado crudo marinado en lima, papas a la Huancaina que se extendían a los comensales. Encontró la mirada dulce de Graziella que atenta a sus ademanes le hizo un cosquilleo por todo su cuerpo. Co2299 Migración mieron, bebieron hasta saciarse en un atmosfera cálida y festiva. … En la sobremesa con el paneton que se deshacía entre sorbos de pisco y las miradas cómplices de ambos, a Antonio se le escapó la lengua… -“Señora y señor Don Bermúdez querría brindar con ustedes por estas Navidades que me obsequian con la más bella y brillante estrella de Oriente que nunca hubiera en el firmamento”. “Sin duda es un halago digno de un poeta pero no de un pretendiente con futuro certero…”Dijo Don Bermúdez algo mosqueado por tantas miradas melosas y rozar de manos entre copas. Quispe se compuso resignado mientras se vaciaban copas y platillos. Me iré de aquí, se dijo Antonio Quispe regreso a casa. Y trabajaré en Europa hasta ganar más plata que el mismo Don Bermúdez. Se lo dijo a Graziella al día siguiente. Y ambos hicieron proyectos entre besos y caricias prometiéndose casarse tras su regreso. Antonio Quispe partió a Francia, allí vivió en una “chambre” en un ático en el cual no cabían más que una cama y una mesita. Trabajó duramente de peón en la construcción y también se dedicó a la venta de souvenirs, de zampoñas y de charangos entre franceses bohemios y músicos andinos. Ahorró tanto que al cabo de 10 años regresó a Lima con suficiente dinero para comprarse una casa en el barrio lujoso de Miraflores. Con el comercio que fue llevando desde el principio de su afincamiento en Francia abrió una empresa de importación y de exportación en el centro de la ciudad. Se casó con Grazziella bajo la bendición de sus futuros suegros y tuvieron gemelas al cabo de un año. Y desde entonces, en torno a la mesa navideña delante el belén, se comenta aquel 25 de diciembre en que alabó a su estrella de Oriente, Graziella

quien le iluminó la vía. (medg)

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