Durante mucho tiempo y aún ahora, los extranjeros en Europa fueron considerados “invitados” que tarde o temprano se debían marchar. Sin embargo, muchos se quedaron y hoy son una fuerza política, cultural y económica que cada vez logra mayor atención.
Los turcos, africanos y latinos ya son parte del mosaico multicultural de Alemania, lo que se refleja también en su selección de fútbol, que muestra su creciente variedad racial.
Los latinos se han abierto paso con sus valores familiares, culturales, folklore, capacidad profesional y por dar “calor” a una sociedad demasiado estructurada y seria. “En Bolivia aprendí a sonreir”, me dijo hace poco una alemana que vio cerca del Lago Titicaca cómo unos ninos jugaban felices con una pelota vieja bajo un sol espectacular.
Alemania poco a poco entrega su corazón a los cubanos que les dan el calor centroamericano o a los andinos que los llevan con sus bailes y música a las nieves eternas. Cada vez hay más rubios bailando e interpretando nuestra música con su tradicional perfección.
Hay hogares donde los ninos crecen con la disciplina alemana y con la sensibilidad latina de uno de los progenitores.
En las calles se observa jóvenes con la piel andina y ojos verdes y celestes, que se juntan con los hijos de matrimonios bi nacionales de alemanes con africanos o árabes.
Por supuesto, hay delitos protagonizados por latinos que se aprovechan de la buena fe del país de acogida y son duramente castigados.
Pero la justicia tambien está a favor de los latinos, como en el caso del estudiante ecuatoriano víctima de una agresión racista, que logró la condena de cuatro jóvenes.
Los partidos politicos tambien se acercan a nuestra realidad y buscan propuestas sinceras de integracion y de una mayor comprension.
Eso senti en la conferencia que brindé en la la Rathaus (Alcaldia) de Hamburgo, invitado por el partido Links, de izquierda para dialogar sobre la migracion, un tema “caliente” porque hay muchos latinos en Espana que buscan “re-migrar” a otros países dentro de una Unión Europea que restringe más sus derechos.
Mas allá de la traducción que rompía barreras, se sintió una corriente de mutuo entendimiento, muy parecida a la gentileza de los transeúntes de las calles de Hamburgo y Berlín en las que me perdí, que ya no miran con tanto recelo al “forastero”.
Vivir, trabajar y triunfar en Alemania?. Nada es imposible. Lo importante es una actitud positiva y saber que los obstáculos como el idioma y la ferrea disciplina se pueden superar con la magia latina que tenemos dentro de nosotros.
Esito sería.
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