La cantidad y gravedad de los recientes desastres naturales y cambios políticos nos obligan a pensar seriamente en un futuro cada vez más incierto. Mirar en la televisión imágenes de casas, edificios yvehículos desplazados como cajas de fósforos, nos convence sobre la fragilidad del mundo, mientras que parecen tener validez las teorías de la destrucción final... Ya estamos pagando las facturas de una galopante industrialización, la explotación despiadada de los recursos naturales (sobre todo en nuestros países) y el mal gasto de las familias de países “ricos” que se dan el lujo de tener un vehículo por miembro y que van por separado a un solo punto de reunión. A esa anarquía natural, se suma los graves conflictos en países árabes, tan distantes geográficamente, pero tan cercanos a la hora de pagar la gasolina cada día. Son gente que requieren verdaderas democracias y un sincero respeto a los derechos humanos, sobre todo de las mujeres. Con ello, la migración interna y externa se incrementa sobre todo con los “exiliados ecológicos”, que se suman a los exiliados políticos y a los que ahora en Europa protagonizan la “remigración”; es decir, que una vez en España o Italia tienen que volver a migrar dentro del Viejo Mundo. Ante eso, ¿qué podemos hacer? En el tema ecológico en los congresos de periodistas de “Greenaccord” en Italia siempre nos dicen “Piensa globalmente, actúa localmente”. Es decir, tener un cuidado especial para no derrochar el agua, la energía eléctrica, re-utilizar el papel y usar más el transporte público en vez de “lucirnos” con nuestro moderno vehículo. En el tema de los nuevos migrantes, en las calles de Madrid, Bruselas, París o Ginebra, ya estamos viendo a más africanos, árabes y, por supuesto, latinos, que empiezan o recomienzan la experiencia migratoria como una cuestión de vida o muerte. Sería bueno que los que ya nos hemos “europeizado” no les demos la espalda y les orientemos en lo básico para que su experiencia no sea tan traumática. No vaya a ser que con las vueltas de la vida, la naturaleza y la economía, nosotros mismos tengamos que tomar mañana las maletas en esta caminata que parece no tener fin.